viernes, mayo 09, 2008

Monseñor Errázuriz: ¿excomulgado?


Para nadie es un misterio que, por convicción o por miedo –al mismo Partido Comunista o al qué dirán-, la casi totalidad de la clase política quiere ver a dicho conglomerado instalado en el Congreso.

Para ello, los honorables y demás dirigentes de los partidos con representación parlamentaria nos han deleitado con una interminable lista de “fórmulas” y argumentos, algunos bastante hilarantes. Desde aquel que critica al sistema por sobrerepresentar a las mayorías y subrepresentar a las minorías hasta el que manifiesta que por ser “el 10%” (no sé de dónde habrán obtenido la cifra) merecen representación, así sin más.

No voy a entrar a comentar acerca de la conveniencia o no de aumentar el número de diputados. Tampoco del compromiso subterráneo que tiene la Concertación con el PC para agradecerle sus votos. Ambos temas han sido suficientemente debatidos. Pero sí de algo que me parece bastante más grave, cual es el apoyo que Su Eminencia el Cardenal Arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz ha otorgado a dicho conglomerado, ateo y terrorista (Ver artículo del Diario “La Nación”).

Ya es suficientemente delicado que el Cardenal y casi la totalidad de la Jerarquía Eclesiástica, además de legitimar, consideren deseable para gobernar un país un sistema democrático absolutamente liberal que dé cabida a ideas reñidas con la Ley de Dios y con la Ley Natural.

Pero llegar al extremo de sostener que "La visión de la Iglesia siempre es inclusiva y no excluyente. Nos parece importante que fuerzas que tienen un respaldo ciudadano de valor puedan dialogar entre ellas también en el Parlamento..." es simplemente un disparate, una aberración que atenta contra el Magistrio permanente de la Iglesia, toda vez que no hay que ser brujo ni Pitonisa para darse cuenta que está haciendo alusión directa al Partido Comunista.

Sí, al mismo partido que lleva más de un siglo enseñando que la religión es el “opio del pueblo”; al partido que ha martirizado a más sacerdotes y religiosos que los mismos romanos del tiempo del Coliseo y las catacumbas; al partido que ha puesto cortapisas a la libre expresión del catolicismo cuando no ha prohibido derechamente las manifestaciones religiosas en todas partes donde ha llegado al poder; en fin, al partido que en los principios doctrinarios y en la práctica viola todos y cada uno de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

Peor aún, y tal como mencionaba anteriormente, dicho apoyo está absolutamente reñido con las enseñanzas de la doctrina católica. Desde Pío IX hasta Juan Pablo II, todos los Pontífices han sido especialmente críticos con la doctrina marxista y han prohibido expresamente la colaboración de los católicos con dicha secta, lo que obviamente incluye el votar por ella, los llamados públicos o privados a hacerlo o facilitarles la manera de instalarlos en esferas de poder. Desde el año 1848, cuando Pío IX nos advirtió en la encíclica "Noscitis et Nobiscum" que el socialismo traería "el trastorno absoluto de todo el orden humano", muchos han sido los documentos en que los Papas lo han condenado: "Diuturnum Illud", 1881; "Humanus Genus", 1884; "Quod Apostolici Muneris", 1878; "Libertas Praestantissimum", 1888; "Graves de Comuni", 1901; "Rerum Novarum", 1891; "Quadragesimo Anno", 1931; "Divini Redemtoris", 1937; "Ingravescentibus Malis", 1937; etc., por nombrar sólo los más conocidos.

Especial mención merece la Encíclica "Octogesima Adveniens" (Pablo VI), que señala expresamente que "el cristiano que quiere vivir su fe en una acción política concebida como servicio no puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen, radicalmente o en puntos substanciales, a su fe o a su concepción del hombre. No es lícito, por tanto, favorecer a la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de la violencia y a la manera como ella entiende la libertad individual dentro de la colectividad, negando al mismo tiempo, toda trascendencia al hombre y a su historia personal y colectiva".

Podría seguir ad infinitum citando documentos o discursos papales; el asunto es que, por doctrina y a riesgo cierto de ser excomulgados, a los católicos nos está absolutamente vedado el votar o el inducir a votar, pública o privadamente, o favorecer en modo alguno a dicha agrupación. No vaya a ser que los satánicos o los abortistas formen un partido político cuyo fin sea respectivamente adorar al diablo o matar niños, y, como dice Su Eminencia, haya que abogar por “…lograr la inclusión de grupos políticos que tengan un respaldo grande de la ciudadanía...”. En Chile al menos, estos últimos parece que ya no son una minoría, y francamente no podría imaginarme al Cardenal abogando por su representación parlamentaria. ¿O sí? Más le vale al Arzobispo arrepentirse de sus dichos, ya que en caso contrario le espera, y para toda la eternidad, un lugar bastante más caluroso que la boca del Volcán Chaitén.


 

2 comentarios

2 Comentarios:

At 11 de mayo de 2008, 01:01:00 CLT, Blogger María Angélica dijo...

Uffff.... algo se traen entre manos esta clase de apoyo solapado al PC, la Iglesia no está para intervenir en política... sino que a salvar almas y enseñar la palabra de DIOS.
Saludos.

 
At 12 de mayo de 2008, 14:25:00 CLT, Blogger Hunter dijo...

Monseñor Errázuriz, otro ingenuo más, de los que se aprovecha en PC, sus tontos útiles como ellos mismos los denominan.
Con sacerdotes como Errázuriz, Goic y tantos otros las puertas del infierno si están prevaleciendo en contra de la Iglesia, la que se encuentra completamente infiltrada por comunistas y masones.

 

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